El caso, sobre el que informa El País de Madrid en su edición del 9 de octubre pasado, es el
siguiente: En agosto, Xsolla, la filial rusa de una empresa de software y servicios interactivos
con sede en Los Ángeles, ejecutó una vanguardista reestructuración de su plantilla que ha
captado el interés de todo el mundo. Sin previo aviso, decidió prescindir de 150 de los 450
empleados de sus oficinas de Perm y Moscú. Para ello se basó únicamente en el dictamen de
un algoritmo de rendimiento laboral que canceló los contratos de aquellos trabajadores que
consideraba “improductivos” y “poco comprometidos” con los objetivos de la empresa.
Lo que me llamó más la atención fue leer de la tristeza del director general y fundador
de la empresa, Alexander Agapitov, quien declaró a la revista Forbes Rusia, que no estaba del
todo de acuerdo con el veredicto de la máquina. De todos modos – agregó -, se veía obligado a
acatar la decisión debido a los protocolos internos consensuados con su junta de accionistas.
Además se ofreció a ayudar a los trabajadores despedidos a encontrar nuevos trabajos, porque
en su opinión la mayoría de ellos son “buenos profesionales” (https://elpais.com/icon/2021-
10-10/150-despidos-en-un-segundo-asi-funcionan-los-algoritmos-que-deciden-a-quien-echar-
del-trabajo.html) .
¡Maravilloso! En época de gestión digital, desaparece toda irresponsabilidad que
podría perturbar nuestra conciencia: “la culpa del despido no es mía; la culpa es del
algoritmo”.