¿Por qué el diálogo social es clave para construir sistemas de pensiones en los que las
personas confíen? Escriben Fabio Bertranou, Andrés Biehl, Guillemor Montt. OIT, 25.05.2026
“Las reformas de pensiones suelen centrarse en la sostenibilidad financiera, pero su éxito a
largo plazo también depende de la legitimidad, la solidaridad y la confianza pública. El diálogo
social puede contribuir a las tres.
Las pensiones figuran entre los temas de política pública más debatidos en América Latina. En toda la
región, los gobiernos enfrentan una creciente presión para garantizar ingresos en la vejez, al tiempo que responden a los cambios demográficos, la persistente informalidad laboral y las restricciones fiscales.
El desafío no es solo técnico. También es político y social.
Las preguntas sobre quién contribuye, quién se beneficia, cómo se distribuyen los costos y qué nivel de
protección debe ofrecer una sociedad implican, inevitablemente, decisiones complejas. Como resultado, las reformas de pensiones suelen generar intensos debates públicos. La experiencia en América Latina sugiere que las reformas tienen más probabilidades de perdurar cuando se construyen a través del diálogo y de amplios consensos sociales, y no únicamente mediante soluciones técnicas diseñadas de manera restringida.
Este artículo se basa en el capítulo The Role of International Institutions and Social Dialogue: Pensions in Latin America, de Fabio Bertranou, Guillermo Montt y Andrés Biehl*, publicado en The Oxford Handbook of Social Policies in the Global South, volumen editado por Armando Barrientos, Matthew Carnes, S.J., Huck-ju Kwon, Herbert Obinger, Leila Patel y Carina Schmitt en junio de 2026.
Más que un debate técnico
Los sistemas de pensiones suelen analizarse en términos de tasas de contribución, edades de jubilación, rentabilidad de las inversiones o sostenibilidad fiscal. Estos aspectos son importantes, pero cuentan solo una parte de la historia.
En esencia, los sistemas de pensiones reflejan un contrato social entre generaciones. Las personas
trabajadoras contribuyen durante su vida activa con la expectativa de recibir protección en la vejez. Los empleadores, los gobiernos y la sociedad en su conjunto desempeñan un papel en el sostenimiento de ese contrato.
Por esta razón, las reformas de pensiones rara vez tienen éxito cuando se centran exclusivamente en
indicadores financieros. Incluso las reformas técnicamente sólidas pueden enfrentar dificultades si la
ciudadanía las percibe como injustas o si los actores sociales clave se sienten excluidos de la toma de
decisiones.
La confianza importa. También la legitimidad.
Es aquí donde el diálogo social adquiere una importancia particular.
El diálogo social comprende las negociaciones, consultas e intercambios entre gobiernos, empleadores y trabajadores sobre cuestiones de interés común. En muchos países ha contribuido a definir políticas
laborales, salarios mínimos y regulaciones del trabajo. Sin embargo, su aporte a las políticas de
pensiones ha recibido comparativamente menos atención.
El diálogo social, por sí solo, no garantiza el éxito de una reforma, pero su importancia en materia
previsional es difícil de subestimar. Pocas áreas de política pública requieren tanto diálogo. Las
decisiones que se toman hoy pueden afectar a trabajadores y jubilados durante décadas. Construir
acuerdos en torno a esas decisiones puede fortalecer tanto la sostenibilidad como la legitimidad de las
reformas.
La contribución de la OIT a través de las normas internacionales y el tripartismo
Desde su creación en 1919, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha promovido el diálogo
social como una vía para abordar desafíos económicos y sociales mediante la cooperación, en lugar del
conflicto.
La singular estructura tripartita de la OIT reúne a gobiernos, empleadores y trabajadores para
desarrollar normas internacionales del trabajo y soluciones de política pública. La seguridad social,
incluidas las pensiones, ha sido durante mucho tiempo parte de este esfuerzo.
Con el paso de los años, las normas internacionales del trabajo han contribuido a establecer principios
fundamentales que siguen orientando a los sistemas de pensiones en todo el mundo. Entre ellos figuran el derecho a la seguridad de ingresos en la vejez, los mecanismos de mancomunación de riesgos, la solidaridad entre generaciones y la importancia de una amplia participación social en la gobernanza de los sistemas de protección social.
El Convenio sobre la seguridad social (norma mínima), 1952 (núm. 102), contribuyó a consolidar la idea de que la seguridad social debe proteger frente a los principales riesgos a lo largo de la vida, incluida la vejez. Más recientemente, la Recomendación sobre los pisos de protección social, 2012 (núm. 202), reforzó la importancia de garantizar una seguridad básica de ingresos para todas las personas, incluidas aquellas que no pueden acceder a regímenes contributivos.
En conjunto, estos instrumentos reflejan una visión más amplia de la protección social: una que combina sostenibilidad financiera, inclusión social y acceso universal.
También ponen de relieve una lección esencial. Los sistemas de pensiones no son simplemente
mecanismos financieros. Son instituciones sociales que requieren confianza pública y compromiso
colectivo.
Lecciones de las reformas de pensiones en América Latina
América Latina ofrece valiosas lecciones sobre la relación entre reforma previsional y diálogo social.
A partir de las décadas de 1980 y 1990, muchos países introdujeron reformas profundas en sus sistemas de pensiones. Algunas buscaron ampliar la gestión privada; otras intentaron mejorar la cobertura, fortalecer los sistemas públicos o incorporar nuevas formas de solidaridad.
Los resultados han sido diversos, pero ha surgido un desafío común: las reformas previsionales suelen
enfrentar dificultades cuando carecen de una amplia legitimidad social.
Esto resulta especialmente relevante en una región donde la informalidad laboral sigue siendo elevada.
Millones de personas transitan entre empleos formales e informales a lo largo de su vida laboral o
permanecen durante largos períodos fuera de los sistemas contributivos. Como consecuencia, muchas
llegan a la vejez con derechos previsionales limitados.
Abordar estas brechas exige equilibrar múltiples objetivos. Los sistemas de pensiones deben
proporcionar prestaciones adecuadas, mantenerse financieramente viables y ampliar la protección a
grupos históricamente excluidos.
Estos objetivos no siempre pueden conciliarse únicamente mediante cálculos técnicos. Con frecuencia
requieren complejos procesos de negociación política y amplios consensos sociales.
En este contexto, el diálogo social puede ayudar a comprender mejor las compensaciones entre
distintos objetivos, mejorar la transparencia y generar espacios para acuerdos de largo plazo que
trasciendan los ciclos electorales.
Lo que revelan los casos de Chile, México y Uruguay
Las experiencias de Chile, México y Uruguay ilustran distintos enfoques de reforma previsional y diálogo social. SEGUIR LEYENDO