
A fines de 1990, No Hay Derecho apareció en la ciudad de Buenos Aires como “revista
bimestral”. Al igual que algunas de sus contemporáneas, como Babel y La Letra A,
combinaba, en la mejor tradición de las revistas culturales latinoamericanas, el origen
universitario de la mayoría de sus hacedores con una voluntad de difusión y de
intervención cultural y política por fuera del circuito académico. Desde un título
contundente, pero con un matiz zumbón (alguno de los integrantes de su staff
recordará años más tarde que, además de aludir a la frase cristalizada, el título
evocaba al de una murga uruguaya), No Hay Derecho ensayó una mirada crítica sobre
el derecho público y sus prácticas e instituciones, inscribiéndola desde el primer
número en el campo de los estudios sociales. Por eso, tanto aquellas contribuciones
que podrían haber tenido solo un altísimo nivel de tecnicismos (por ejemplo, el análisis
de fallos judiciales) como las que podrían haberse limitado a la actualización teórica
(por ejemplo, los anticipos de libros) fueron también, sin dejar de cumplir esos
cometidos, posicionamientos políticos que buscaban dialogar con un público amplio.