Fundación Electra

La palabra “moda” tiene muchas proyecciones positivas en nuestra cultura de consumo:
imaginamos desfiles glamorosos, ropa de marca que nos encantaría comprar, equipos
deportivos con prestigiosas etiquetas. Pero detrás de esa palabra tan atrayente, se esconde
una de las industrias globales de mayor explotación laboral, y al referirnos a ello, estamos
hablando especialmente de explotación de la mujer trabajadora.

Hoy en la industria global de la confección, más del 80% de las personas trabajadoras son
mujeres, y el 75% de ellas sufre regularmente violencia de género en las fábricas. Como ha
expresado la OIT en el Informe de 2016 sobre las cadenas mundiales de suministro en el sector
de la vestimenta, las mujeres trabajan en los segmentos con salarios más bajos, carecen de
acceso a medidas de protección social en general, y de la maternidad en particular, y sus
oportunidades profesionales son limitadas.

Cuando decidimos comprar ropa “de marca”, ¿reflexionamos sobre este tema? ¿Actuamos
como consumidores conscientes o nos dejamos arrastrar por el deseo de presumir con esa
prenda? Es bueno tener conciencia que en una sociedad global los consumidores pueden
adoptar posiciones activas, para boicotear aquellos productos que se elaboran sin respetar los
derechos laborales fundamentales. Los consumidores pueden por ejemplo aprender a comprar
de forma más responsable en defensa de las tutelas laborales, aunque es cierto que para ello
es necesario un sentido alto de solidaridad social.

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