Garantizar el empleo a toda aquella persona dispuesta a trabajar. Escriben Jimena
Castillo, Pablo Marmissolle en Academia, La Diaria, 03.01.2022 (Ilustración: Jerónimo
Lamas)
“Si el capitalismo puede ajustarse al pleno empleo, se le habrá incorporado una reforma
fundamental. De lo contrario, se mostrará como un sistema anticuado que debe desecharse”.
Michal Kalecki, 1943
La pandemia ha dejado de manifiesto las dificultades que tiene el sistema económico para
producir empleos estables, de calidad y con salarios dignos. En este contexto, en muchos
países del mundo se han discutido medidas no convencionales para tratar de paliar estos
problemas. Una de las medidas discutidas es la renta básica universal, que implica que el
Estado transfiera dinero a los hogares de forma no condicionada, con el objetivo de asegurar
estabilidad económica a las familias. A nivel político, la idea del programa de renta básica
universal ha sido apoyada por políticos y economistas de izquierda y de derecha (¡y por el
mismísimo Milton Friedman!), pero también ha recibido críticas de todo tipo. Algunas
vinculadas a lo injusto que es asignar ingresos a las familias ricas, otras vinculadas al posible
desincentivo a trabajar que genera, otras vinculadas a su costo, etcétera. En este artículo
queremos introducir otra propuesta, otro programa “no convencional”, que en Uruguay no es
muy discutido ni es conocido públicamente, a pesar de la notoria necesidad de empleo.
El programa implica que el Estado garantice un empleo a todas las personas que estén
dispuestas a trabajar (y puedan hacerlo) a cambio de un salario digno: se trata de una Garantía
de Empleo o, lo que es lo mismo, un Trabajo Garantizado. En este esquema, el Estado opera
como un Empleador de Última Instancia (Tcherneva, 2018; Landwehr, 2020). Cabe señalar que
esta última expresión hace un paralelismo con el rol que cumple el Estado como prestamista
de última instancia ante problemas en el sector financiero; en períodos de turbulencias
financieras, los bancos pueden ser reticentes a prestarse entre sí y pueden darse corridas
bancarias, por lo que los bancos centrales desempeñan el papel de garantes para asegurar el
funcionamiento de los mercados financieros y la estabilidad del sistema.