
Ilustración: Jerónimo Lamas
El futuro del trabajo: una mirada desde América Latina (parte 2). Escribe: Gonzalo
Zunino, en La Diaria/Actividad Económica, 22 de agosto de 2022
“El impacto de la cuarta revolución industrial en el mercado laboral viene ocurriendo a pasos
lentos, tanto en Uruguay como en la región.
En una nota previa, 1 que discutía sobre el impacto del cambio tecnológico en el empleo y las
relaciones laborales, planteaba que un riesgo importante para Uruguay y la región es que la
cuarta revolución tecnológica global pase relativamente desapercibida en nuestros mercados
laborales, y por lo tanto no tenga impactos positivos en materia de productividad. Este
escenario implicaría repetir una situación de fracaso relativo en lo que respecta a aprovechar
la aceleración tecnológica para potenciar el crecimiento económico y la remuneración de los
factores.
En esta nota discuto los indicios que nos hacen pensar que la cuarta revolución industrial está
impactando de forma más moderada en la región respecto a las zonas de mayor desarrollo.
Para esto, vamos a repasar en primer lugar cuáles son las principales hipótesis propuestas por
la investigación reciente sobre el tema, y posteriormente considerar la evidencia disponible
para la región latinoamericana y el caso particular de Uruguay.
¿Cuáles son las principales hipótesis sobre el impacto del cambio tecnológico en el mercado
laboral asociado a la cuarta revolución industrial?
En primer lugar, cabe señalar que la investigación reciente no plantea un escenario
apocalíptico, de desempleo tecnológico, sino que más bien proyecta transformaciones en el
mercado laboral. Este planteo, de hecho, es consistente con lo que ha ocurrido en etapas
anteriores de aceleración tecnológica (los procesos identificados como primera, segunda y
tercera revolución industrial). En cada uno de estos momentos los actores debatieron sobre
los riesgos asociados a la introducción de maquinaria en el mercado laboral y la sustitución de
los trabajadores por la tecnología, pero lo cierto es que el trabajo humano sigue existiendo y
las sociedades han logrado adaptarse a las nuevas formas de producción, alcanzando mejoras
en la calidad de vida promedio.
Lo que se espera, entonces, son transformaciones que podríamos agruparlas en tres bloques
diferentes aunque interrelacionados. En primer lugar, se esperan transformaciones en el tipo
de ocupaciones que van a predominar en el mercado laboral y transformaciones al interior de
las ocupaciones, esto es, en el tipo de tareas que se desarrollarán dentro de cada ocupación
(por ejemplo, un oficinista hoy no hace las mismas tareas que unas décadas atrás, porque hay
algoritmos que procesan cálculos que antes se hacían de forma manual y demandaban mucho
tiempo).
En segundo lugar, asociado a este proceso de transformaciones en el perfil de ocupaciones, se
proyecta un proceso de polarización en el mercado laboral que genere una distribución del
ingreso más concentrada y, potencialmente, problemas de movilidad social. Por último, se
esperan cambios en lo que refiere a las relaciones laborales y contractuales entre trabajadores
y empresarios (por ejemplo, cambios en contratos laborales, relacionamiento en los trabajos,
interacción de trabajadores con empresas, entre otros). Vinculado a estos puntos, tenemos
diferentes hipótesis que maneja la literatura sobre los impactos de estas transformaciones en
el mercado laboral.
1. Desrutinización de las ocupaciones
En lo que se refiere a las transformaciones en la participación de las diferentes ocupaciones
dentro del empleo, la literatura sostiene que no todas las tareas desarrolladas por los
trabajadores serán reemplazables con las nuevas tecnologías. Se plantea entonces la
denominada “hipótesis de desrutinización”. Se argumenta que el conjunto de tareas rutinarias
o repetitivas son fácilmente reemplazables por tecnología, mientras que las tareas no
rutinarias resultan más difíciles de codificar a través de algoritmos, lo que las torna menos
factibles de automatización.
En este sentido, se prevé que las ocupaciones intensivas en tareas rutinarias, tanto cognitivas
como manuales, vayan perdiendo peso relativo en el conjunto del empleo, al tiempo que las
tareas no rutinarias irán ganando participación en el mercado laboral. Este proceso de
desrutinización no sólo implicaría el desplazamiento relativo de ocupaciones, sino que también
se produciría al propio interior de las ocupaciones, donde las tareas rutinarias perderían
participación de forma progresiva al interior de la jornada laboral.
En el conjunto de América Latina y en particular en Uruguay, la evidencia disponible para las
últimas décadas sugiere que la hipótesis de desrutinización se ha cumplido sólo de forma
parcial. Si bien se ha registrado un incremento en el desarrollo de tareas cognitivas-no
rutinarias y un descenso en la participación de las tareas manuales rutinarias, al mismo tiempo
se ha observado una relativa expansión del contenido de tareas cognitivo-rutinario y un
descenso de las tareas manuales-no rutinarias. Esto indica que el carácter rutinario-no
rutinario de las tareas, asociado a la automatización e incorporación de tecnologías, no ha sido
el motor principal de transformación en el mercado laboral.

Foto: CSI Ingenieros
ENLACE A LA DIARIA – PARTE 1 (publicada el 25 de julio de 2022)