La nueva era del mercado laboral. Por Carlos del Castillo, en eldiario.es, 24.08.23
Las instituciones, los sindicatos, los titulares de prensa, los especialistas y las patronales llevaban años
avisando de que este momento llegaría. La Inteligencia Artificial (IA) ha salido del laboratorio y
aterrizado en el mercado de trabajo. Algunas de sus aplicaciones prácticas ya pueden hacer las mismas
tareas por las que las personas reciben un sueldo, pero de forma más rápida y eficiente que ellas. Como
se anticipó, millones de puestos de trabajo están ahora en vilo, mientras que nuevas ocupaciones
aparecen en el horizonte. Pese a todo, nos ha pillado desprevenidos.
El motivo es que la IA no ha seguido el camino esperado. No ha saltado de las fábricas a los trabajos más
repetitivos o especializados del resto de sectores. En vez de presentar candidatura para conducir
camiones o ser camarera, ha subido a las oficinas y se ha sentado en el escritorio de aquellos
trabajadores con formación superior, idiomas y masters. Se trata de las inteligencias artificiales
generativas, que pueden interpretar lo que dicen las personas, escribir textos, componer mensajes
orales, canciones, diseñar imágenes o producir canciones y vídeos. Esto les permite ordenar y contestar
correos electrónicos, distribuir recursos, plantear estrategias, elaborar informes o jerarquizar tareas de
otros trabajadores. Cosas que a priori no estaban en la hoja de ruta para ser las siguientes en
automatizarse.
“En los últimos años hemos centrado mucho la conversación en los robots industriales, esos que se
llaman de cuello azul en referencia a los monos de trabajo. Pero una de las grandes revoluciones que
está por venir es la de los robots de software, los de cuello blanco. Esto va a afectar a los empleados
digitales y nos va a coger en un momento en el que no estamos del todo preparados para ello”, expone
Ana Belén Muñoz, profesora de Derecho del Trabajo en la Universidad Carlos III de Madrid. “Este tipo de
inteligencias artificiales, que pueden hacer cosas como leer los correos y contestar, pueden suponer una
reducción muy considerable del trabajo de oficina”, añade.
La tecnología que lo ha desencadenado todo es ChatGPT. Esta IA generativa de texto ha provocado una
carrera a pecho descubierto entre Microsoft y Google en la que ambas han dejado claro el potencial que
ven no sólo en este producto, sino en todo el campo de la Inteligencia Artificial. “Tendrá un impacto
transformador de la misma magnitud que el ordenador personal o Internet”, ha declarado Satya
Nadella, presidente de Microsoft. No hay un estándar más alto con el que comparar a la IA. Las
computadoras y la red de redes supusieron cambios dramáticos en la forma de trabajar de las personas,
y ahora los capos de la tecnología esperan que la IA sea la tercera vuelta de tuerca en el mismo sentido.
La misma jornada que hace 100 años
Todos los estudios que han analizado el posible impacto de la IA en el mercado laboral han concluido
que esta tecnología dejará obsoletos un gran número de empleos, a la vez que crea otros que hasta
ahora no podíamos imaginar. Muchos se han mostrado más preocupados por lo primero que
esperanzados por lo segundo, aunque las inteligencias artificiales generativas ya están dejando una
primera pista de por dónde pueden ir esas nuevas profesiones: con los modelos actuales, se hacen
necesarios profesionales especialistas en los comandos que usa esta tecnología para conseguir que
escriba el texto, diseñe la imagen, produzca el vídeo o componga exactamente la canción que el cliente
está buscando. Hasta ahora, se podía emplear una hora en explicarle a un diseñador el tipo de
creatividad que se buscaba para una campaña publicitaria, y este podía tardar varios días en darle
forma. Ahora el cliente puede explicarle a un especialista en IA la creatividad que quiere para la
campaña, y este introducir todos los parámetros en un modelo automático que lo diseñe en pocos
minutos. Las máquinas se van a comer una parte del proceso creativo que muchos pensaban que estaba
reservado a las personas.
Lo que no ha sido una conclusión tan típica en los estudios que han analizado el impacto de la IA en el
mercado laboral es cómo esta podría cambiar la forma de trabajar de todos los trabajadores, se vean
afectados por ella o no. La jornada laboral de ocho horas fue regulada por ley por primera vez hace 104
años, precisamente en España. El movimiento obrero que lo consiguió buscaba mejorar las condiciones
de los operarios de las fábricas, en un contexto diametralmente distinto al actual. Sin embargo, la
jornada de ocho horas ha sobrevivido como estándar a todas las revoluciones industriales posteriores,
incluida la digital.
¿Podría la IA impulsar un cambio real en el ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar, ocho
horas para vivir? “Es una perspectiva muy interesante”, adelanta Ana Belén Muñoz, que ha solicitado
fondos de la UE para un nuevo estudio sobre la jornada laboral de cuatro días. “Hay muchos métodos
para llevarlo a cabo. Está la reducción de días de trabajo por semana, pero también las jornadas
reducidas, el teletrabajo y las fórmulas combinadas. Lo que está claro es que la pandemia ha
demostrado que las largas jornadas de muchas horas frente al ordenador no suponen más
productividad ni beneficios para la empresa ni para el trabajador”, recuerda.