“Un nuevo análisis de OIT alerta que se necesitan “acciones ambiciosas” para la
recuperación del mercado de trabajo en América Latina y el Caribe, en un 2021 que
inició marcado por nuevas olas de contagios. El fuerte impacto laboral de la COVID-19
fue agravado por problemas estructurales preexistentes.
Noticia | 8 de abril de 2021
Lima – La región de América Latina y el Caribe perdió 26 millones de empleos como
consecuencia de la pandemia, e inició 2021 con un panorama laboral complejo agravado
por nuevas olas de contagios y lentos procesos de vacunación que hacen más inciertas las
perspectivas de recuperación en los mercados de trabajo, destacó una nueva nota técnica
de OIT.
“La búsqueda de una mejor normalidad va a requerir de acciones ambiciosas para
recuperarnos de los retrocesos en el mundo del trabajo”, advirtió Vinícius Pinheiro,
Director de la OIT para América Latina y el Caribe, al comentar los datos de esta
nota técnica de análisis que recoge los últimos datos disponibles sobre el impacto
de la COVID-19 durante el último año.
“Ahora toca volver a generar los empleos perdidos por la pandemia y crear nuevas
oportunidades de trabajo decente”, dijo Pinheiro, al señalar que pese a las
adversidades se deben tomar medidas y lograr consensos para que “2021 sea el
año de la vacunación y de la recuperación económica con generación de más y
mejores puestos de trabajo”.
Por otro lado, el Director Regional de OIT planteó que “en la búsqueda de la
recuperación resultará ineludible abordar las condiciones preexistentes en la
región, que son claves para entender por qué el impacto de la pandemia en el
empleo fue tan fuerte. Muchos de los desafíos que teníamos antes de la pandemia
continúan vigentes, aunque ahora son más urgentes”.
“Alta informalidad, reducidos espacios fiscales, persistente desigualdad, baja
productividad y escasa cobertura de la protección social, sumados a problemas
que aún persisten como los de trabajo infantil y trabajo forzoso, son parte de las
asignaturas pendientes en la región”, agregó.
La nota técnica de la Oficina Regional de la OIT “ Transitando la crisis laboral por la
pandemia: hacia una recuperación del empleo centrada en las personas ”, destaca
que los impactos en el trabajo fueron devastadores en el segundo trimestre de
2020 cuando los indicadores de ocupación y participación se desplomaron, y luego
se recuperaron parcialmente.
Aún así, al concluir 2020 la tasa de ocupación promedio de la región se había
reducido de 57,4 a 51,7 por ciento, una fuerte caída que equivale a la pérdida de
alrededor de 26 millones de empleos, de los cuales un 80 por ciento, es decir más
de 20 millones de personas, salieron de la fuerza de trabajo.
Esta salida de la fuerza laboral fue inédita y ha sido una característica de 2020. En
comparación, la tasa de desocupación ha reflejado solamente en forma parcial la
magnitud de las dificultades por las que han venido atravesando los mercados
laborales de la región, al aumentar en algo más de 2 puntos porcentuales entre
2019 y 2020, de 8,3 a 10,6 por ciento.
Esta situación habría comenzado a cambiar, explicó la autora del informe, la
especialista regional en economía laboral de OIT Roxana Maurizio, quien comentó
que en 2021 podría registrarse “un aumento importante de la tasa de
desocupación cuando retornen a la fuerza de trabajo las millones de personas que
habían dejado de participar en la fuerza laboral”.
Además de los empleos perdidos, la región experimentó una fuerte contracción de
las horas trabajadas, así como una reducción de los ingresos laborales, que
representan 80 por ciento de lo que perciben las personas en América Latina y el
Caribe. La región ha registrado las mayores pérdidas a nivel mundial en las horas
trabajadas.
La nota técnica de la OIT señala que en esta crisis tanto el empleo formal como el
informal experimentaron contracciones muy pronunciadas, pero el segundo con
mayor intensidad que el primero y por ese motivo la tasa de informalidad se redujo
(temporalmente), en el marco del colapso generalizado en la demanda de empleo,
especialmente en los primeros meses de la pandemia. Pero esa situación ya
comenzó a cambiar.
“Existe un alto riesgo de informalización que se suma a los ya elevados niveles de
informalidad laboral que tenían los países antes de la pandemia”, destacó
Maurizio.
Según los datos disponibles de siete países, la recuperación del empleo en la
segunda mitad de 2020 ha estado traccionada casi por completo por el crecimiento
del empleo informal. Estas ocupaciones estarían dando cuenta de más del 60 por
ciento del aumento total del empleo.
“El déficit de trabajo formal, a su vez, probablemente se hará más evidente para
ciertos grupos de trabajadores como los jóvenes, las mujeres y los adultos con
menores calificaciones, grupos que estructuralmente exhiben mayores dificultades
para insertarse en un puesto formal”, agregó la especialista de OIT.
“El colapso macroeconómico ha impactado de manera desproporcionada en
algunos segmentos de la población, amplificando las brechas laborales y sociales –
especialmente las brechas de género- que caracterizan la región”, agregó. “Las
perspectivas de recuperación económica para 2021 son modestas y aún muy
inciertas, por lo que las expectativas acerca de una posible reversión de la
situación crítica del mercado de trabajo deberían ser muy cautelosas”.
La OIT ha propuesto desarrollar estrategias de recuperación basadas en un Marco
de políticas con cuatro pilares principales: estimular la economía y el empleo;
apoyar a las empresas, los empleos y los ingresos; proteger a los trabajadores en
el lugar de trabajo; y recurrir al diálogo social para encontrar soluciones.
La nota técnica destaca que en un escenario tan complejo como el actual “el
dialogo social y la construcción de nuevos consensos, pactos o acuerdos son más
relevantes que nunca” para avanzar en la recuperación del empleo.
ENLACE A LA NOTA TÉCNICA “Transitando la crisis laboral por la
pandemia: hacia una recuperación del empleo centrada en las personas”.
Panorama Laboral de la Oficina Regional de la OIT
Crisis por la pandemia agudiza vulnerabilidad laboral de migrantes en
América Latina y el Caribe. OIT Américas
OIT hace un análisis sobre una población migrante constituida principalmente por
personas en edad de trabajar mayores de 25 años, que frecuentemente enfrentan
“retos adicionales” para mantener sus empleos y sus ingresos.
Noticia OIT | 6 de abril de 2021
Lima – La crisis laboral por la COVID-19 ha afectado a todas las personas trabajadoras
en América Latina y el Caribe, pero es importante considerar que las personas
migrantes y sus familias, especialmente aquellas que se encuentran en situación
migratoria irregular y/o se dedican a trabajos informales enfrentan retos adicionales,
destacó un análisis de OIT.
Muchas personas migrantes están en condiciones “de mayor vulnerabilidad ante la
pérdida de empleo e ingresos, debido a que en la mayoría de los casos se encuentran
en condiciones precarias de trabajo y de vida, con acceso limitado a servicios de
atención médica y saneamiento”.
Esa vulnerabilidad, sumada a falta de información adecuada sobre sus derechos y las
medidas de prevención, generan “mayores riesgos a ser víctimas de abusos y
explotación”, destaca la nota técnica “ Migración laboral, movilidad en el mundo del
trabajo ante la pandemia de la COVID-19 en América Latina y el Caribe ”, publicada
como parte de la serie Panorama Laboral de la Oficina Regional de la OIT.
“La crisis también ha propiciado el incremento de la demanda de algunos trabajadores
con diversas competencias y experiencia – en las profesiones médicas y los servicios de
emergencia, pero también en la agricultura, las plataformas de reparto y entrega a
domicilio de alimentos, la logística y los servicios de limpieza”.
“Las personas trabajadoras migrantes y refugiadas han estado en primera línea en
muchas de estas ocupaciones”, añade la nota técnica.
El análisis destaca que de acuerdo con los datos recopilados en 13 países de la región
antes de la pandemia, las personas mayores de 24 años fueron el grupo más
importante en la población nacida en el extranjero. “El grueso de la población
migrante se encuentra en la edad activa y, por ende, cuenta con un perfil adecuado
para participar en el mercado laboral de los países receptores”.
En 8 de los 13 países la tasa de participación laboral de los migrantes es superior a la
población total, lo cual se considera “indicativo de que los movimientos migratorios
recientes estarían asociados a la necesidad de generación de ingresos, la cual
impulsarían a los migrantes a participar en el mercado laboral a tasas muy superiores a
los nacionales”. “En los países cuya tasa de participación de los migrantes es inferior a
la del total del país podría haber un indicativo de la existencia de factores
estructurales, legales o institucionales que limitan la participación laboral de los
trabajadores migrantes”, añade el documento en la sección sobre la situación antes de
la pandemia, basada en datos de las encuestas de hogares.
El documento también hace referencia a una encuesta de evaluación rápida para
medir el impacto de la pandemia COVID-19 en la migración laboral, la movilidad y las
prácticas de contratación en América Latina y el Caribe, realizada por la OIT durante los
meses de agosto, septiembre y octubre de 2020.
Las 239 personas entrevistadas en Brasil, Perú y República Dominicana permitieron
apreciar que “la crisis provocada por la pandemia COVID‐19 ha tenido repercusiones
negativas en el ámbito económico, laboral, cultural, socio‐emocional, y sanitario tanto
en los países de origen como de destino, afectando las condiciones de vida de las
personas refugiadas, solicitantes de asilo, y trabajadoras migrantes”.
“Se consultó a las personas trabajadoras participantes sobre su percepción de los
impactos de la COVID-19 en la continuidad de sus actividades laborales. En particular
se les invitó a que describieran su principal preocupación ante las repercusiones de la
COVID-19. Al respecto, la mayoría respondió, en primer lugar, no tener medios para
sustentarse en el mediano plazo y, en segundo lugar, no encontrar trabajo a largo
plazo, ni en el país de origen ni en el de destino”, dice el análisis.
En el ámbito laboral, en los países de destino, un 43 por ciento de las personas
refugiadas, solicitantes de asilo y trabajadoras migrantes continuaba sus actividades
laborales hasta el momento de aplicación de la encuesta (entre agosto y octubre de
2020), mientras que un 57 por ciento no tenía empleo en el momento de la consulta.
En términos de género, el 54 por ciento de los hombres mantenían su trabajo frente al
38 por ciento de las mujeres. En particular, las mujeres refugiadas o solicitantes de
asilo son las más afectadas.
Entre las personas encuestadas, se reportó que la pérdida de empleo por la COVID-19
ha sido mayor entre quienes se dedican al trabajo doméstico (71 por ciento sin
empleo), seguido del sector ventas y restaurantes, y hotelería y turismo, en los cuales
se registró un 59 por ciento y un 54 por ciento de personas sin trabajo,
respectivamente.
Además, se evidenció una reducción de horas de trabajo y el salario (14 por ciento),
la suspensión de pagos o no estar percibiendo remuneración (13 por ciento) y la
reducción de salario (9 por ciento) como consecuencia de la COVID-19. La pérdida de
trabajo y la disminución en los ingresos también ha impactado negativamente las
posibilidades que tienen las personas refugiadas, solicitantes de asilo y trabajadoras
migrantes de mantener el envío de remesas (solo un 29 por ciento de los entrevistados
continuaba transfiriendo ayudas económicas a sus familias).
La OIT destaca que para enfrentar la vulnerabilidad de los trabajadores migrantes es
necesario tomar medidas como:
• Incluir a las personas trabajadoras migrantes en las respuestas relativas a los
ingresos y en las respuestas de política conexas
• Ampliar el acceso a los servicios de salud y a la cobertura de protección social
para las personas trabajadoras migrantes
• Proporcionar información adecuada y accesible
• Asegurar que los trabajadores migrantes tengan un estatus migratorio regular o
no acaben encontrándose en situación irregular
• Asegurar la contratación equitativa durante la pandemia de la COVID-19
• Proteger los derechos en el trabajo de las personas refugiadas y otras personas
desplazadas por la fuerza durante la pandemia de la COVID-19
“En el contexto de la pandemia de la COVID-19, los refugiados y otras personas
desplazadas corren mayor riesgo de contraer la enfermedad porque las circunstancias
del viaje y la precariedad de sus condiciones de vida los hace más vulnerables. Además,
suelen tener grandes dificultades para acceder a los servicios de salud del país en que
se encuentran”, añade el análisis de la serie Panorama Laboral.”
Enlace a la Nota Técnica “Migración laboral, movilidad en el mundo del
trabajo ante la pandemia de la COVID-19 en América Latina y el Caribe!”

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Sistema de Naciones Unidas en Chile y en México presentan programa
conjunto que promoverá la integración socioeconómica de personas
migrantes y refugiadas
La iniciativa, que se desarrollará en el marco del Migration Multi-Partner Trust Fund,
será implementada en ambos países por la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de
Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Noticia | 7 de abril de 2021
Santiago de Chile.- Con el objetivo de promover la integración socioeconómica de
personas migrantes y refugiadas, este miércoles representantes de los Sistemas de las
Naciones Unidas en Chile y México, presentaron un nuevo proyecto conjunto que
trabajará con los gobiernos locales de la ciudad de Santiago de Chile y la Ciudad de
México en esta materia.
El proyecto, que será implementado en ambos países por la Organización Internacional
del Trabajo (OIT), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia
de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), con el apoyo de la Oficina del
Coordinador/a Residente, en coordinación con los gobiernos locales, buscará
especialmente fortalecer los mecanismos que permitan a las personas migrantes y
refugiadas acceder a trabajo decente y a medios de vida sostenibles, hecho que ha
tomado aún mayor relevancia dado los efectos de la pandemia por COVID-19 en toda
la sociedad y en especial en las poblaciones más vulnerables.








